Reflexión del mes
Si no cambiamos nada.
Según la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), más del 80% de las grandes empresas en Chile ya utiliza inteligencia artificial. Pero solo un 3,6% habría logrado escalarla transversalmente con resultados medibles.
El problema puede ser que la estemos adoptando más rápido de lo que estamos aprendiendo a generar valor con ella.
Y eso tiene un costo.
Pilotos que no escalan. Licencias que se acumulan. Equipos que dedican tiempo a iniciativas cuyo impacto no está claro. Tecnología que se incorpora mientras los datos y procesos siguen prácticamente iguales.
Podemos terminar teniendo más IA sin tener necesariamente una mejor empresa.
Por eso, creemos que directorios y comités ejecutivos deberían empezar a hacer preguntas más incómodas:
La IA deberíamos medirla por cuánto negocio somos capaces de transformar.
¿Estamos siendo demasiado tolerantes con iniciativas de IA que no demuestran impacto?
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